Su mano en la tuya: cómo enseñar a cruzar la calle a los niños
Se enseña a cruzar la calle cruzando con ellos, cada día y de la mano: parar, mirar a los dos lados y seguir atentos al avanzar. La Asociación Española de Pediatría (AEP) indica que, hasta los 6 o 7 años por lo menos, el niño debe ir con un adulto, y la Academia Americana de Pediatría señala que la mayoría no está preparada para cruzar sola hasta los 10 años como mínimo. Lo que construyes ahora es un hábito, no su independencia.
El bordillo
Vais camino del parque. Tu hijo de tres años ha visto un perro en la otra acera y tira de tu mano, o intenta soltarse. Aprietas más y gritas «¡no!» más fuerte de lo que querías. Se asusta y luego se enfada. Tú también te quedas con el corazón acelerado.
A esta edad, el niño vive en el momento. El perro es el mundo entero, y el coche del final de la calle todavía no existe. Decírselo una vez no lo resuelve, y diez veces tampoco.
Qué dicen las fuentes
De la AEP:
- Hay que llevarlos de la mano o muy cerca, controlando que no se queden rezagados al cruzar.
- De la mano, el niño va por la parte interior de la acera.
- Se cruza siempre por los pasos de peatones, enseñándole a mirar a los dos lados.
- Con semáforo, se espera al verde, y aun así se mira a los dos lados.
- Atención a las salidas de garajes.
- Hay que evitar que corran por las aceras y al cruzar.
- Los adultos debemos dar ejemplo.
La revista de la Dirección General de Tráfico (DGT) coincide: los más pequeños deben ir siempre cogidos de la mano de un adulto, y nunca jugar cerca de la calzada. La Academia Americana de Pediatría añade dos cosas: guardar el móvil, y que los niños aprenden sobre todo de lo que ven hacer a los adultos. Tu forma de cruzar es la lección.
Por qué aquí sí vale un «¡para!» firme
El psiquiatra Daniel Siegel y la psicoterapeuta Tina Bryson explican que actuar antes de pensar es bueno ante un peligro real. En uno de sus ejemplos, Siegel grita a su hijo que pare antes de ser consciente de que hay una serpiente en el camino. Esa respuesta automática es útil ante una amenaza verdadera; el problema es que se dispare sin peligro.
También recuerdan que la parte del cerebro que piensa tarda muchos años en madurar, así que conviene ajustar lo que esperamos, aunque el niño siga respondiendo de su conducta. Nosotros lo leemos así en la calle: «¡para!» es de las pocas órdenes que no se discuten en el momento. Guárdala para el peligro real y conservará su fuerza. Después, a su altura, conecta y explica. «He gritado por el coche. Te has asustado».
Tu hijo no es desobediente por soltarse. Está mirando al perro.
Para practicar en cada paseo
- Parad en cada bordillo, aunque la calle esté vacía. Mismo sitio, misma palabra.
- Di lo que haces. «Miro a este lado. Ahora al otro. Ya vamos».
- Pídele que busque. «¿Ves algún coche? ¿Se mueve?».
- Daos la mano antes de llegar, no en el último momento.
- Jugad al semáforo en un parque, lejos de la calzada.
- Cuenta con repetirlo. El niño que lo hace bien el lunes puede salir corriendo el martes. La mano sigue dada.
La canción del semáforo
En nuestro segundo episodio, Mariano aprende el semáforo cantando: en rojo se sienta, en amarillo espera, en verde se pone en marcha. Sirve para ensayar en casa que rojo es parar. No enseña a cruzar, y nunca sustituye a tu mano. Y recuerda lo que dice la AEP: en la calle real, aun en verde, se mira a los dos lados. La encuentras aquí.
En el próximo paseo, parad en el bordillo y pregúntale: «¿Qué ves?».