Rutinas

«Otro cuento y ya»: rutina para dormir a niños de 2 y 3 años

31 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

Una buena rutina para dormir a los 2 y 3 años puede tener tres pasos, siempre en el mismo orden: dientes, cuento y cama. Es el programa Brush, Book, Bed de la Academia Americana de Pediatría (AAP). La AAP explica que una rutina predecible ayuda al niño a entender y esperar lo que viene, así que lo importante es que se repita, no que salga perfecta.

Las ocho de la tarde en tu casa

El pijama está puesto, más o menos. Entonces llega otro vaso de agua, luego desaparece el osito, luego una necesidad urgente de correr por el pasillo. Lo pides con cariño. Lo pides otra vez. A la tercera te ha cambiado la voz, y ya sois dos personas cansadas discutiendo por unos dientes.

Y cuanto más avanza la noche, más cuesta. Con el cansancio, razonar es más difícil para todos, y a un niño desbordado no se le convence de irse a la cama.

La rutina, según la fuente

Esto dicen las páginas de la AAP en HealthyChildren.org:

  • Dientes. Todos los niños pequeños necesitan que un adulto les ayude a cepillarse. Antes de los 3 años, una mínima cantidad de pasta con flúor, como un grano de arroz; de 3 a 6 años, como un guisante.
  • Cuento. Leed después del cepillado y antes de acostarse, en un sitio cómodo. La recomendación es leer en voz alta unos 15 minutos al día. También sugiere inventar historias, poner voces graciosas y cantar juntos.
  • Cama. Mantén horarios regulares. No esperes a que se frote los ojos o bostece, porque puede ser tarde. Acostarlo 15 o 20 minutos antes puede notarse mucho.

La misma organización aconseja mantener constantes la hora de despertarse, las comidas y las siestas, también el fin de semana, y elegir rutinas que se puedan hacer en cualquier sitio. Las horas de sueño por edad están en la tabla de su página sobre el sueño, enlazada en las fuentes.

Cuando acostarse se convierte en una batalla

El psiquiatra Daniel Siegel y la psicoterapeuta Tina Bryson describen dos tipos de rabieta. En una, el niño ha decidido montarla y podría parar: pide un límite tranquilo y firme, sin ceder. En la otra, ya no puede usar la parte que piensa: pide consuelo, no sermón, y lo demás se habla después.

Nosotros lo llevamos a la hora de dormir, donde pueden aparecer las dos. Quien prueba con «otro cuento más» quizá necesite un amable «dos cuentos, y ya hemos leído dos». Quien llora sin consuelo por el vaso equivocado quizá necesite primero tus brazos. También explican que con un niño alterado se conecta primero y se redirige después, y que eso no es permisividad: lo prohibido sigue prohibido. A veces, añaden, lo que necesita es sencillamente comer o dormir.

Tu hijo no es difícil por esto. Está cansado.

La versión de esta noche

  1. Di el plan en voz alta. «Dientes, dos cuentos, cama». Las mismas palabras cada noche.
  2. Ofrece elecciones pequeñas. Qué pijama, qué cuento. La rutina no se vota.
  3. Adelanta el movimiento. Siegel y Bryson señalan que, con los pequeños, moverse jugando puede cambiar el ánimo; la sugerencia de hacerlo antes de los dientes es nuestra.
  4. Acaba con la misma frase. La vuestra, la que sea.

Algunas noches seguirán saliendo mal, y es normal. Si el sueño te preocupa, tu pediatra puede ayudarte.

Una canción para antes de la rutina

Ay, Mariano, cómo sueña no es una nana. Tiene ritmo y coros de «guau, guau», en español con una ronda en inglés, y la pensamos para la hora antes de acostarse: una forma alegre de decir que la tarde va terminando. No dormirá a nadie, ni es su trabajo. Puedes escucharla aquí.

Esta noche, al apagar la luz, pregúntale: «¿Qué vas a soñar hoy?».

Fuentes